¿Futuro?
Es tan fácil hablar de lo que hacen mal los demás como difícil reconocer nuestras malas actuaciones.Ésto, que podría pasar por un pensamiento taoísta o budista pero no lo es, parece una norma de obligatorio cumplimiento en estos tiempos de mierda, donde los hijos pegan a sus padres (no quiero decir que lo bueno es que los padres peguen a sus hijos), nadie cede el asiento a un anciano y la más mínima norma cívica no sólo es obligatoriamente incumplida, sino tomada por esta caterva de energúmenos como una regresión a los campos de concentración de tan terrible recuerdo (para los pocos que saben que existieron, quería decir, siempre y cuando su abotargado cerebro, celebro diría yo, no haya sido abducido por los revisionistas de todo pelaje que subsistirán siempre en este su hábitat, un infinito páramo de ignorancia rodeado por insondables océanos de egoísmo donde convivee todo tipo de ejemplares de todas las características imaginables, aunque siempre uniformados por la omnipresente depilación integral).
Una de las más aterradoras expresiones de este virus es la convicción de que cualquier ser humano con más de sesenta años (la cifra va variando, a la baja, por supuesto) no es más que una especie de estorbo que imposibilita a estos semidioses realizar las importantísimas proezas para las que han sido concebidos, a saber, pegar a su novio/a, rascarse el culo y/o/u órganos genitourinarios antes utilizados para el sexo satisfactorio y compartido o, por ejemplo, concentrarse en sus lugares de tertulia preferidos, llamados puticlubs, donde polemizan sin descanso sobre temas tan importantes como que tipo de depilación integral les conviene o cómo combinar viagra y cocaína para impresionar a las putas con su aguante de machote (como si ellas tuvieran la más mínima gana de aguantar un minuto a estos payasos). Para qué van a necesitar éstos la experiencia, la sabiduría, la memoria, y un ciento de virtudes más( también tienen defectos) de estos supervivientes cuyo testimonio es en muchísimas ocasiones el único grito de advertencia contra la repetición de actitudes que sólo se dan en culturas desmemoriadas como la nuestra actual, testimonio vital que no tiene porqué ser especialmente trágico o épico para que sea útil a la gente más joven y con nula experiencia.
Hoy los ancianos se tratan como muebles rotos, y como a tales se les arrincona en almacenes a tal efecto construídos, donde olvidarlos todo el año excepto unas fechas señaladas en las que se les recuerda lo mucho que les quieren sus parientes y se les revisa el testamento, no sea que lo hayan cambiado, en cuyo caso rápidamente se procede a su incapacitación, no vaya a ser que les dejen su dinero a quien les dé la gana (la ley española prohíbe desheredar a un hijo). Lo más aterrador es pensar en lo que les espera a éstos a manos de sus hijos, que tan concienzudanente han destruído como seres humanos, cuando tengan los años que actualmente tienen sus padres y esperen la más mínima caridad de aquéllos a quienes ni siquieran les han explicado ni significado ni pronunciación de tan extraño palabro.
¡Que se jodan!
1 comentario
Oliver -
Estoy de acuerdo contigo de que estos valores o principios éticos se están perdiendo cada vez más, sería bueno preguntarle esto también a los profesores.
Lo que tenemos que tener claro es que por lo menos en nuestras familias no perder nunca el estímulo de enseñar estos principios pase lo que pase, y así or lo menos a nosotros, aunque cueste enseñarlos, nos irá siempre mejor a pesar de que nos costará ir en contra de todo el mundo, COMO SIEMPRE.