Un año
Ya hace un año
Un año. Un año en el frío, oscuro y húmedo vientre de una tumba. Un año sin sol, sin viento en el pelo, sin música en los oídos, sin una buena comida en la boca, sin una mano que apretar con ganas ni un cuerpo caliente qua oler, sin un paisaje que admirar, sin alguien con quien mantener una buena confrontación dialéctica, sin importar el tema, hablando por el placer de hablar.
Un año sin dejar de pensar que en los restos de tu ajado cuerpo aún hay más vida de la que jamás han sospechado estas patéticas manadas de no-pensantes cuyas inquietudes se reducen a la satisfacción de sus más sublimes anhelos, comer y cagar.
Un año en este páramo más desierto aún desde que la Parca, la vieja puta de Hemingway te llevó al fondo de su vientre, pensando si aún seguirás defendiendo la teoría de Nietzche de que el sol no tendría sentido si Zaratustra no estuviera para mirarlo. Yo siempre te decía lo contrario, ésta era una de nuestras épicas discusiones que tanto echo de menos, y, créeme, amigo mío, a estas alturas estoy convencido de que al sol le importa una mierda lo que Zaratustra, o tú, o yo, miremos o veamos, teniendo en cuenta que su luz llega aquí a los ocho minutos de su emisión, ocho minutos, un año, qué más da, si no podrá jamás traspasar la gruesa, dura y fría losa de mármol que te mantiene atrapado en el interior de ningún sitio.
Duerme, amigo mío, y cuando te canses de dormir, despierta, o tendré que seguir hablando sólo.
Un año. Un año en el frío, oscuro y húmedo vientre de una tumba. Un año sin sol, sin viento en el pelo, sin música en los oídos, sin una buena comida en la boca, sin una mano que apretar con ganas ni un cuerpo caliente qua oler, sin un paisaje que admirar, sin alguien con quien mantener una buena confrontación dialéctica, sin importar el tema, hablando por el placer de hablar.
Un año sin dejar de pensar que en los restos de tu ajado cuerpo aún hay más vida de la que jamás han sospechado estas patéticas manadas de no-pensantes cuyas inquietudes se reducen a la satisfacción de sus más sublimes anhelos, comer y cagar.
Un año en este páramo más desierto aún desde que la Parca, la vieja puta de Hemingway te llevó al fondo de su vientre, pensando si aún seguirás defendiendo la teoría de Nietzche de que el sol no tendría sentido si Zaratustra no estuviera para mirarlo. Yo siempre te decía lo contrario, ésta era una de nuestras épicas discusiones que tanto echo de menos, y, créeme, amigo mío, a estas alturas estoy convencido de que al sol le importa una mierda lo que Zaratustra, o tú, o yo, miremos o veamos, teniendo en cuenta que su luz llega aquí a los ocho minutos de su emisión, ocho minutos, un año, qué más da, si no podrá jamás traspasar la gruesa, dura y fría losa de mármol que te mantiene atrapado en el interior de ningún sitio.
Duerme, amigo mío, y cuando te canses de dormir, despierta, o tendré que seguir hablando sólo.
3 comentarios
Anónimo -
Anónimo -
Oliver Menéndez Alonso -