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kdekareaga

Pobre Serbia

Recuerdos. En este mundo de la noticia flash es de muy mala educación recordar el pasado, un pasado reinventado continuamente, como Winston hacía en 1984, pero correré el riesgo, aún a costa de ser acusado de idealista, criptocomunista, o, sencillamente, de gilipollas.

Pretendemos entender a los demás siempre según nuestros parámetros, obligándolos a importar nuestras soluciones como respuestas a sus problemas, sin preguntar siquiera si estamos legitimados, no ya moralmente, sino en base a si son adecuadas o no a su idiosincrasia, a su historia y, sobre todo, a su deseo de tener un futuro, su futuro, de, por y para ellos, el suyo y no el nuestro, no el papel que les reservamos en este Nuevo Orden Mundial, sino el que ellos quieren para sí mismos, sustituyendo la realidad por la idea que tenemos de ella.

Recuerdos. Ustachis, iglesias ortodoxas quemadas con toda la población serbia dentro, ancianos, mujeres, niños, los hombres que no se habían unido a los partisanos, campos de exterminio, Jasenovac, sumo altar al horror, vórtice del crimen, al que ni siquiera Auswitch, con lo que ha sido, puede igualar. Porque en Jasenovac cada crimen, cada espanto, cada horror, se hacía de forma manual. Porque en Jasenovac, dirigido por un monje franciscano, los cálculos más prudentes hablan de 600.000 muertos, matados uno a uno, con métodos que harían sonrojarse al mismísimo Diablo.

Recuerdo un caso en el que un asesino, ufano en extremo, relataba una de sus hazañas, en este caso, una de las pocas veces que había sido derrotado en una competición por otra parte muy habitual entre las hordas del Poglavnic, un patán protegido por Franco, Perón, y, por supuesto, siempre por el Vaticano, depositario hasta hoy, por cierto, de los fondos del estado croata, estado que, por otra parte, jamás existió, pues no era más que una partición entre los ocupantes, Norte para papá Alemania, Sur para mamá Italia ( no ha de ser casualidad que en la zona italiana los crímenes no pasaran de anecdóticos, elevando el paraestado ustacha continuas protestas al mando alemán para solucionar tal afrenta a la limpieza étnica, aunque aquí , más que étnica, la clave del odio era religiosa, alentada por un obispo que no hace mucho fue beatificado por un Papa muerto recientemente ). Por cierto, repito que el más terrible campo de exterminio en la zona era dirigido por un franciscano, estando muchos más implicados en lubricarlo bien con sangre para que no dejara de funcionar.

 

 

Recuerdo, y perdón por el paréntesis, que un monje franciscano relataba como si fuese el cuento de Caperucita la siguiente historia:  

Estando tres amigos en Jasenovac, ante la llegada de miles de desplazados serbios, hicimos la siguiente apuesta: quedamos de acuerdo en apostar quién de los tres podía matar más serbios a cuchillo en una noche, y, una vez pactadas las condiciones y el premio, nos pusimos a ello. Yo, que era el más hábil, iba en cabeza hasta que me encontré con un extraño anciano. He matado a miles de personas, he visto en sus ojos el pánico, la súplica, la humillación, pero no había nada de esto en aquel rostro, sólo una serenidad que me sacó de mis casillas. Saqué el cuchillo y lo puse ante su cara, y le pregunté si no tenía miedo, pero, sin inmutarse, con una calma que me golpeó como un mazazo, me respondió lo siguiente: Asesinasteis a mis hijos e hijas, a mis nueras y yernos y a mis nietos, así que haz lo que tienes que hacer. Aquello me volvió loco y, convencido de que gritaría como todos, le corté, despacio, la nariz. Nada, sólo me miraba, así que seguí con las orejas, pero no emitió ningún sonido, ni siquiera un leve gemido de dolor, y sus ojos, sus ojos seguían mirándome, con una mirada tranquila, sin odio. No pude soportar esa mirada, nunca la olvidaré. Le saqué los ojos y le arranqué el corazón. Ahora ya estás con tu familia, susurré a las orejas en mi mano. Pero al final me jodió, mi compañero ganó la apuesta al pararse en 300 muertos. Yo no pude alcanzarlo, estaba demasiado cansado. Aquellos ojos me agotaron aquella noche. Pero al día siguiente llegaron más desplazados, y éstos, vaya si gritaban.

¿Cómo es posible que alguien pueda hacer este tipo de atrocidades, en pleno siglo XX, y luego coger en brazos a sus hijos, incluso jugar con ellos, como si se tratara de un empleado de un matadero de animales? Claro, esa es la repuesta, ellos no eran más que matarifes, matarifes especializados que estaban limpiando su país de una plaga humana que era preciso erradicar, y para nada de una manera indolora, había que torturar, humillar a aquella gente para arrancarle todo vestigio de dignidad y humanidad.

Luego pierden la guerra y los revisionistas dicen que los ingleses fueron terribles por entregar a toda esta inmundicia para ser juzgada por los tribunales yugoslavos, que por cierto ni tocaron prácticamente al ya Cardenal Stepinac, el Santo, que animaba a sanear la Patria(siempre con mayúscula para sus “pequeñúsculas”(Marina dixit) mentes) de toda esta escoria serbia, judía o comunista. Y vive Dios que lo hicieron, con más de dos millones de muertos por ser distintos. Ser distintos, aun hoy en día  es una de las mayores ofensas  que se le puede hacer a la Tiranía Internacional, pues como dijo Jorge Arbusto, contradiciendo absolutamente lo dicho por Jesús en el Apocalipsis, Quien no está con nosotros, está contra nosotros. En el original es: Quien no está contra nosotros, está con nosotros, pero quien va a saber más, El Mesías, hijo de Dios y Dios de los cristianos y Profeta de los musulmanes o el susodicho Jorge Arbusto, actual emperador del planeta, con los resultados que, muy a pesar de su caterva, son inocultables para cualquier persona con un mínimo de decencia, inclusive lacayos en nómina y periodistas pagados regularmente por la Agencia para defender lo indefendible., que su dios los perdone, yo no lo haré jamás.

¿Cuáles fueron los primeros estados en reconocer la destrucción de Yugoslavia, primero con Eslovenia y luego con el horror de Croacia? Por casualidad, Alemania y El Vaticano.

¿Cuál era la moneda franca en toda la zona escindida? Casualidad, el Marco alemán, supongo que debido a que el Vaticano no tiene moneda propia ( no quiero dar ideas, no será por dinero)

¿Cuántos musulmanes vivían en Kosovo al final de la Guerra Mundial? Muy pocos, entraron en masa en la Yugoslavia de Tito porque era el Paraíso comparada con el infierno estalinista de su adorado Enver Hoxa, a partir de 1955.

 

 

ZONA DE OCUPACIÓN

 

Cuando los nazis se vieron obligados a tomar la Yugoslavia, para cubrirse las espaldas de cara al asalto a la URSS y debido al bochornoso papel de los italianos en la invasión de Grecia (algún día habrá que reconocerle a Italia el mérito de haber ganado la guerra a los aliados con sus continuos fracasos en el Norte de África, Grecia, etc) la llamada Croacia fue dividida en dos zonas, una al norte gestionada por Alemania, y otra al sur cuya tutela ejercía Italia. Todos sabemos lo que ha sucedido en la zona norte, de lo que hemos hablado más que extensa, intensamente, anteriormente. Lo que me aterra es que me he dado cuenta de que, básicamente, en cuanto a lo técnico, la situación actual de Kosovo es tan parecida a la del cuarenta y dos que no queda agujero donde avestruz medianamente decente tenga la oportunidad de ocultar el cabezín. Bandas que asesinan serbios, invasión de hecho de la frontera occidental de Macedonia, descarada intención de formar parte de la “Gran Albania”, con perdón y, sobre todo y como siempre, la estimación del pueblo serbio como alguien inferior que ha de ser constantemente tutelado, en cada caso por la potencia dominante de turno. Pobre Serbia, tan cerca del corazón de Europa, tan cerca del culo de Asia.

 

 

Sindicato de Ideas.

 

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